miércoles, 27 de agosto de 2014

HISTÓRIA Y ORÍGENES DEL BULLDOG INGLÉS

En alguna parte del Tibet o el norte de la India, hace unos 70 siglos, un gigante pisó la tierra. Este no era simplemente otro «perro grande», sino un verdadero gigante, prototipo del moloso. Uno de cada 10.000 nacimientos sale un gigante, tanto en el hombre como en el perro.

Los perros de guarda de más de 50 kilos ya eran comunes en los poblados humanos. Cuando el hombre se fue civilizando, comenzó a manipular la cría de animales y plantas. Estos ejemplares gigantes fueron seleccionados por los criadores primitivos y pronto se había fijado el tipo.

Los rasgos acromegálicos en el perro se distinguen tanto como en el hombre, a menudo con características similares. Los gigantes son masivos debido a un crecimiento óseo hiperdesarrollado. La hormona del crecimiento además causa mayor tamaño en las extremidades, resultando en grandes patas, y una cabeza pesada con potentes mandíbulas y cejas pronunciadas. El crecimiento superfluo y el grosor de la piel, produce la apariencia arrugada, fruncida, grandes belfos y papada, orejas grandes y colgantes, y la tendencia a abundante piel sobre el cuerpo. (Uno podría pensar imprudentemente. que será lento y patoso.) Desgraciadamente, al igual que los gigantes humanos, el perro acromegálico también es propenso a problemas del corazón, del dorso, de las caderas, y gastrointestinales, y generalmente su longevidad es más corta.

El moloso clásico tiene un stop profundo y abrupto, con un hocico fuerte pero proporcionalmente más corto que el enorme cráneo. Generalmente es de pelo corto -no tiene agarradero- y lleva la cola baja. El moloso posee un gran olfato y fuerte sentido territorial, sin tendencia a la persecución o el pastoreo -todo ello heredado de susantecesores guardas de rebaños.

El color originario fue el arena (rojizo), rojo, negro/fuego o atigrado, sin manchas blancas. Los escasos factores diluyentes que producen las tendencias chocolate, azul o gris claro, ya existían entonces. Originalmente, estos grandullones impresionantes fueron usados para guardar los rebaños (más tarde el hogar y las propiedades). Se continuó: la cría de los más feroces y agresivos,,para adaptarlos a la guerra y al combate. De este prototipo descienden todos los tipos de molosos europeos actuales, la mayoría de las razas de pelea, y otros perros gigantes actuales. Pero el moloso también fue el progenitor de los perros de tipo «hound», y más tarde de los perros de caza. Ya que los perros de rastro y los molosos genéticamente están relacionados, las antiguas referencias a «bounds» a menudo describían el moloso de cuerpo más ligero.

Desde su origen en el Tibet, el leviatán guerrero viajaba con sus tribus cuando' éstas emigraron hacia otras partes del mundo, desde el Himalaya hasta los Pirineos. La emigración del moloso siguió dos rutas principales, una hacia el oeste a través de Oriente Medio y el Mediterráneo, y la otra noroeste a través de China y Rusia. El progreso del moloso nórdico va paralelo a la emigración de una variedad de gente nómada y brava, originaria de las zonas de Turkistán en el sur de Rusia. Durante -milenios antes de J.C. estos nómadas emigraron hacia el este hasta China, en una expansión de conquista.

Sus molosos eran más ligeros de cuerpo, quizá porque el estilo de vida nómada requería un perro nómada. El rasgo más destacable del perro nórdico era la primera aparición de la mandíbula braquicéfala (prognatismo inferior). No se sabe si este rasgo fue espontáneo (una mutación) o vino de cruces con perros chinos. Existen referencias a un perro fuerte, feroz, de hocico corto, tipo «hound», llamado Shejos, en China hacia el 600 a.J.C.

Al cambiar los aires políticos, los nómadas volvieron hacia el oeste. Un grupo llamado los alanos, llegó al este de Europa cinco o seis siglos antes de J.C. para establecerse en la actual Albania, y otros fueron llegando alrededor de 400 a J.C. Así el moloso oriental braquicéfalo posiblemente fue el primero de este tipo que llegó a Europa, y sin duda llegó antes de la era cristiana. Las tribus germánicas estaban encantadas con la dureza de estos canes, y la incorporaron en sus perros autóctonos. Los romanos escriben de perros de pelea «de grandes bocas» hallados en Gran Bretaña cuando los romanos llegaron allí en los primeros siglos de la era cristiana.

En la Edad Media, los molosos de prognatismo inferior típicos, fueron conocidos por toda Europa como «alaunt» o «alain». Este nombre pudo referirse a los nómadas alanos, o quizá deriva de la palabra Allemanni, usada para gente de origen alemán.

La rama sur de la familia de morosos siguió la extensión de la civilización desde el Tibet, hacia el sur y este a través de la zona que hoy se ha dado en llamar Creciente fértil. Las culturas sumeria, babilonia, asiria y fenicia usaron grandes perros de guerra, siendo el más fiero el «moloso», supuestamente originario de la isla Moloso de Grecia.

El perro del rey Lysimachus escogió la misma muerte que su amo, aunque, si hubiera querido, podía haberse salvado. Nuevamente, había guerra civil en Roma, un ciudadano romano llamado Calvus fue muerto. Muchos de sus enemigos se pelearon por ejecutar el glorioso rito de cortarle la cabeza, pero ninguno pudo hacerlo hasta que no mataron al perro que estaba a su lado.»

Un desfile en Alejandría del faraón Ptolomeo II, desplegó un regimento de 2.400 perros de guerra. Estas bestias guerreras, descritas como «perros grandes, del tamaño de burros, fieros como leones», eran llevados por varios soldados a la vez, reteniéndolos con cadenas. Los perros fue ron adornados con ropas de seda y collares de plata, con puntas de hierro. Cuando los reyes antiguos enviaban ayuda militar a sus aliados, a menudo se incluían cientos de perros equipados con collares de hierro y armazones .

Los perros se extendieron a otros países con la ayuda de los marineros fenicios, que también pudieron introducirlos en Inglaterra, siglos antes de J.C. Tras su viaje al Lejano Oriente, Marco Polo menciona las grandes perreras de Kubla Khan con 5.000 molosos de guerra.

En Roma, el perro moloso se hizo popular no sólo en el ejército, sino también en la arena, contra osos, leones, e incluso hombres, como entretenimiento. Su coraje y ferocidad en el combate hasta la muerte era legendario. Los romanos dependían tanto de estos perros como guardas, que cuando algunos no ladraban al acercarse soldados enemigos, eran crucificados. «Suelta los perros de guerra», una frase latina, era el grito apropiado para la tradición romana. Cuando los legionarios romanos se fueron hacia el norte, en la conquista de Europa, los molosos fueron con ellos. Por esta ruta del sur, se introdujo en Europa un moloso, de cuerpo pesado con cabeza convencional. Muchas razas de moloso actuales se remontan a una combinación del alano del norte con el moloso del sur.

En la Edad Media, el moloso ya no era necesario con los armamentos nuevos. Pero los grandes perros tenian nuevas funciones. El moloso fue adaptado como guardián de propiedades. Los términos «bandog» y «acathena» se refieren al hecho de que el moloso permanecía atado durante el día y se soltaba por la noche para actuar contra cazadores furtivos o intrusos. Originalmente se creía que estos canes terroríficos eran descendientes del cruce de osos y lobos. No es de extrañar que Cerbero, el perro guardián de las puertas del infierno, fuera un moloso.

Johannes Caius, escritor de Qf Eizglishe Dogges in 1576, describe el moroso como «inmenso, testarudo, feo... de cuerpo pesado,.. terrible y amenazador de contemplár». Aparte de describir su uso como guardián, habla de su entrenamiento para luchar con osos, monos y otras bestias o incluso «hombres con palos y bordones».

La, nobleza con sus grandes propiedades se volvió tan paranoica sobre los cazadores furtivos, que temían que incluso los perros de sus granjeros podrían perseguir su caza. Así, durante cientos de años, era ilegal poseer un perro grande, a no ser que tuviera tres dedos cortados de las manos. Si el perro era tan afortunado que pasaba por un aro estándar, se le consideraba demasiado pequeño para dañar a la caza y conservaba sus dedos. Empleados reales llevaban a cabo la inspección equipados con cincel y mazo. Los animales no dejaban sus dedos así como así, sin embargo. ¡Algunos perros grandes y feroces ponían en fuga a los inspectores!

En España y otros lugares, los perros fueron usados para ayudar a controlar los toros para bajarlos al mercado. El alano resultó adecuado como perro de carnicero. Si un toro se desviaba, el perro lo enganchaba de la oreja y lo mantenía inmóvil hasta que los hombres lo controlaban otra vez. Así nació otro deporte ,sanguinario para los espectadores medievales -el «morder toros» organizado.

En el siglo xv, se había desarrollado una raza especial para este fin. Quizás a base de cruces con alanos, molosos y otros perros braquicéfalos desconocidos, se creó el primer bulldog (a menudo llamado biílleizbeissei-, palabra, alemana para designar al «mordedor de toros»). Los genes de las manchas blancas probablemente se introdujeron con estos cruces El bulldog era bajo de patas, con prognatismo de la mandíbula inferior, facilitándole el morder y colgarse sin que le molestara la mandíbula superior. Enganchaba el toro de la sensible nariz en vez de la oreja. Si el perro soltaba fallaba al enganchar la nariz , recibía una cor

nada, y si el toro levantaba la cabeza, el perro era lanzado por los aires. Los expectadores aguantaban sábanas entre si, para coger los perros al vuelo. Para ganar, mejor dicho, para sobrevivir, el perro debía enganchar al toro con rapidez, mantenerlo con firmeza y bajarle la cabeza para que pudiera ser cogido. La popularidad de este deporte en Inglaterra era tal que hasta la propia reina Isabel I decreta que los jueves por la noche no se pueden hacer otros juegos o entretenimientos, para que todo el mundo, incluyendo su majestad, pudieran ir al «bull-baiting»,.

El instinto de morder la nariz y no soltar bajo ningún concepto, era altamente apreciado. La mutilación de un pie del perro mientras estaba enganchado a la nariz del toro, para probar su tenacidad pese al dolor, aumentaba enormemente el valor de sus cachorros. Ash describe en 1939 un famoso bulldog de su época. El perro era «descendiente de Bratten's Peter, que enganchó al toro sobre sus muñones sangrantes, después de que su dueño le había cortado los pies uno por uno, por una apuesta. Una leyenda habla de una perra que fue mutilada poco a poco, miembro por miembro, hasta que solamente sus mandíbulas quedaron firmemente enganchadas al toro.

Los defensores del bull-baiting argumentaban que el deporte sanguinario hacía la carne más tierna. Ya sea por chuletas jugosas o peleas jugosas, la locura continuó durante 700 años hasta la llegada de las leyes humanitarias británicas que por fin lo prohibieron en 1835.

Desgraciadamente para los perros, al desaparecer el bull-baiting, se inventaron otros deportes sanguinarios. Las leyes «humanitarias» protegían al toro, pero el perro que había sido compañero del hombre desde los inicios, siguió en la arena. Las peleas de perros tuvieron su auge en los siglos XVIII y XIX en Inglaterra, con anuncios en los periódicos y grandes apuestas. Nuevamente se crearon razas especiales para tal fin, y se cruzó el moloso y/o bulldog con perros del tipo terrier (llamados bull y terrier) para aumentar la rapidez y agilidad. Como muchos de estos terriers eran bláncos, el cruce de razas introdujo las manchas blancas e incluso el blanco sólido en los molosos.

No todo moloso era criado con fines diabólicos. Seleccionando temperamentos más plácidos, muchos países europeos desarrollaron perros de trabajo, de salvación, y de compañía. Durante el Renacimiento, era común el Gran Perro del Carnicero. Este moloso más calmado ayudaba a guiar el ganado al mercado, a vigilarlo, e incluso a los dueños, y a menudo llevaba el dinero de la venta alrededor de su cuello camino a casa. Pocos atracadores se atrevían con semejante bestia. También empleado para carga y enganche, se buscaba un perro de carácter más suave. Este perro tenía menos piel colgante, pero el mismo cuerpo cuadrado, voluminoso y musculado, a veces con la cola cortada.

Al seleccionar y criar con variedades miniatura, los criadores incluso lograron gigantes en «Miniatura». El grupo de los molosoides tiene mucha más variedad que los guardas de rebaños, por dos razones. El moloso no quedó aislado en parajes rurales y tuvo la oportunidad de encontrarse y cruzar con gran variedad de perros, introduciéndose otros genes. Además los dobles orígenes inicialmente aportaron mayor variedad de genes. Pese a la variedad, cada raza individual se remonta en parte o totalmente al antecesor gigante común del Tibet.

El bulldog ingles desciende de los antiguos molosos del tibet, se uso en gran Bretaña para luchar contra los romanos cuando intentaron invadir por primera vez las islas británicas, pero quizás su faceta mas conocida por todos fue la lucha contra los toros, Bulldog no significa perro-toro, sino perro para el toro.

Dice la historia que en 1209 el inglés lord Stanford presencio por casualidad el derribo de un toro por parte de dos perros que pertenecían a un carnicero. El espectáculo le gustó tanto que decidió regalar el prado donde había tenido lugar el enfrentamiento a los carniceros para que todos los años se organizara una competición.

La idea causo gran entusiasmo, hasta el punto que se tuvieron que imponer una serie de reglas, el toro tenia que estar atado por los cuernos con una cuerda de unos 23 metros, y una vez que el toro se había acostumbrado a moverse dentro de los márgenes que le daba la cuerda, comenzaba el espectáculo.

Estos perros ya fueron clasificados por cinólogos en 1630 como «bulldog», aunque antes se llamaban «bandogge» o «dogo de carnicero». Probablemente descienden de la misma raíz que el mastiff, a través del alano,, que fue descrito en Master- of Game de Edward, segundo duque de York, alrededor de 1406: «..."alauntes" son traicioneros y diabólicos... es el mejor perro para sujetar y poder medir todo tipo de bestias, y mantenerlos firmes».

Durante los fatídicos días del «bullbaiting», los perros cogían al toro por la oreja. El primitivo Bulldog, más ágil que otros luchadores, iba por la nariz, y no era embestido tan fácilmente por los cuernos. Sin duda alguna, el «bulldogge» de antaño, más alto de patas, conseguía acosar al toro hasta que éste bajaba la cabeza, y engancharle una parte de su anatomía, ya fuera una oreja o la delicada nariz. Según el «reglamento» el perro entonces debía empujar el toro hacia atrás alrededor de la pista o tiraba y se ataba la bestia' Osos, leones, monos y tejones también entraban en combate con el Bulldog. Como recita Pierce Egán, el espectáculo producía expresiones patrióticas tales como:
«¿qué criatura, que tan valiente y astuta, salta y desprecia, para mantener su enganche? ... Es el bulldog, sin rival, valeroso, como los bretones en la ola creciente.»

Después de la remisión de este despreciable deporte, el Bulldog antiguo paso por el calvario de las sangrientas peleas de perros. Esto originó cruces con distintos terriers para aumentar su velocidad, que resultaron en la creación de otras conocidas razas modernas.
El Bulldog actual no es el mismo que el de 1600. Tras la abolición del «builbaiting» en 1835, el perro original se convirtió en la versión de hocico más corto, más achatado, que conocemos en la actualidad, conservando su potente mandíbula inferior prognata.
El Bulldog se hizo legítimo en 1860 al entrar en la pista diferente -nada sangrienta- de las exposiciones caninas. Su personalidad sanguinaria de antaño se ha suavizado hasta su carácter equilibrado actual, conservando su aspecto temible. A ello debe la descripción de «bello en su fealdad». El Bulldog es una mascota popular, mostrando la dureza de cualquier equipo, y se ha convertido en símbolo de tenacidad en el mundo entero.

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